lunes, 3 de mayo de 2010

LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA EDUCACIÓN

Tomado del artículo


«La educación es esencial a la naturaleza humana», establece Quintana Cabanas1. A partir de allí, en forma muy general, presenta un conjunto de funciones sociales de la educación: adaptación al grupo social y a la sociedad en su conjunto; mantener y asegurar la continuidad social; introducir el cambio social; la formación profesional de los individuos; la función económica vinculada al desarrollo material de la sociedad; y la función política que tiene como punto de partida la construcción y re-construcción de la ciudadanía, que luego se manifiesta en otros aspectos del acontecer político.
Estas funciones no se presentan separadamente,
sino que se dan simultáneamente y logran
conjugar a la educación como constitutiva
de la condición humano-social que se da dentro
de una realidad social. A partir de aquí es que
la educación y su función social presentan una
posible doble perspectiva como:
a) Un fenómeno y proceso de carácter individual
que se enmarca dentro de la sociedad.
El individuo aparece como el primer benefi
ciario de la educación. De ninguna manera
se puede afi rmar que esta perspectiva
individual de las funciones de la educación
es incorrecta. Todo lo contrario. Se pueden
mencionar entre sus funciones individuales:
promover el desarrollo de la personalidad
de los sujetos, colaborar con la adaptación
individual al medio de pertenencia a través
de la transmisión de conocimientos, valores,
normas e inclusive el buen manejo del
lenguaje.
b) Un proceso social y colectivo, que tiene
como eje a la sociedad de referencia. La sociedad
y las necesidades sociales son concebidas
como que trascienden a los sujetos
considerados individualmente. Se puede
mencionar entre las funciones colectivas:
lograr la integración social, colaborar con
el desarrollo multidimensional nacional,
promover el cambio social, entre otras.
Más allá de la perspectiva a considerar, no
cabe duda que la educación se enmarca dentro
de la sociedad. Cuando se hace referencia a
“educación” y “sociedad”, se concibe un sistema
educativo que se relaciona con una sociedad
contextualizada. La educación se presenta
como un fenómeno histórico. De acuerdo con
ello es que es pertinente aclarar que el sistema
Función social de la educación
Alejandra Capocasale Bruno Profesora de Filosofía. Magíster en Sociología.
1 J. M. Quintana Cabanas (1980).
90 / QUEHACER EDUCATIVO / Abril 2008 FORMACIÓN DOCENTE
educativo implica instituciones educativas,
legislación educativa, actores sociales involucrados
y muchos componentes más -tanto de
nivel micro como macro social- que distan de
tener cualidad abstracta. A su vez, estos componentes
o elementos están interrelacionados
y, por tanto, confi guran la estructura de un todo
social. Este proceso de constitución de la estructura
social posibilita que esta se reproduzca
y perdure en el tiempo. Tal como dice Dewey:
«La sociedad existe mediante un proceso de
transmisión tanto como por la vida biológica.
Esta transmisión se realiza por medio de la comunicación
de hábitos de hacer, pensar y sentir
de los más viejos a los más jóvenes. Sin esta
comunicación de ideales, esperanzas, normas y
opiniones de aquellos miembros de la sociedad
que desaparecen de la vida del grupo a los que
llegan a él, la vida social no podría sobrevivir.
Si los miembros que componen una sociedad
viviesen continuamente, podrían educar a los
miembros recién nacidos, pero esta sería una
tarea dirigida por intereses personales más que
por una necesidad social. Ahora es una labor
de necesidad»2. Al respecto, él considera que
la educación es la que, a través de la comunicación,
no solo genera que la sociedad continúe
existiendo, sino que también es la construye el
todo social. De allí que afi rme que existe un
estrecho vínculo entre los conceptos de común,
comunidad y comunicación. «No sólo la vida
social es idéntica a la comunicación, sino que
toda comunicación (y por tanto toda vida social
auténtica) es educativa.»3 Y todo proceso
de comunicación que supone interacción entre
actores sociales implica un intercambio que, a
su vez, tiene dimensiones sociales, políticas,
culturales, económicas y éticas entre otras.
La educación se puede manifestar socialmente
de forma más o menos sistemática: educación
formal, informal y no formal. En este
artículo, el eje es la educación formal, puesto
que es la que tiene como propiedad más visible
su carácter sistemático que se manifi esta
en una institucionalización organizada de
manera burocrático-administrativa.
Dentro de este marco es que cobra relevancia
la institución educativa, puesto que es
donde se plasma el quehacer educativo en
tanto intercambio comunicativo, resultado
de un proceso de institucionalización.
Según Berger y Luckmann4, esta se va
generando a partir de una habituación que
posteriormente deriva en tipifi caciones recíprocas
y sedimentaciones intersubjetivas.
Los actores sociales involucrados -docentes
y alumnos- van construyendo y re-construyendo
las prácticas educativas que confi guran
fi nalmente una institución educativa.
El docente como profesional pasa a ser un
eje de la función social de la educación. Es
quien, de alguna forma, articula el proceso
educativo entre los educandos, la institución
educativa y el sistema educativo global de
referencia. Esta tarea tiene carácter profesional
si se enmarca en la autonomía. Carr y
Kemmis, en su análisis de la profesión docente,
aclaran que el profesional docente no
solo debe tener conocimiento fundado en
saber teórico, sino debe ser especialmente
autónomo -entendiéndose como el «derecho
a formular juicios autónomos, exentos
de control extra-profesional»5-.
De esta forma parece quedar claro que la
función social de la educación no puede expresarse
en simples enunciados que listen necesidades
sociales que la educación atiende
expresamente o cumple naturalmente. Todo lo
contrario. La función social de la educación es
un espacio teórico-práctico, en el que se conjuga
una serie de elementos de una forma compleja
que en todo momento se enmarca en un
contexto socio-histórico determinado.
2 J. Dewey (1971).
3 Ídem.
La ruptura epistémica con el modelo tradicional:
la complejidad de la función social
En defi nitiva, la educación, en su carácter complejo,
forma parte de un todo social multidimensional, en el
que hay una permanente multicausalidad fenoménica. El
análisis de la relación educación-sociedad en cuanto a la
función social de la educación, requiere de ciertas precisiones
teóricas que permitan un abordaje más claro.
4 P. L. Berger; T. Luckmann (1972).
5 W. Carr; S. Kemmis (1988).
Abril 2008 / QUEHACER EDUCATIVO / 91
FORMACIÓN DOCENTE
A su vez cabe aclarar que, en este caso, el
término “función” dista largamente del funcionalismo
clásico o moderno. Este concepto
apunta principalmente a plantear el sentido de
la educación en y desde una sociedad determinada.
No implica un para qué. Más bien se
transita hacia la necesidad de construir teóricamente
la articulación entre los niveles micro y
macro en el plano socioeducativo. De acuerdo a
este concepto se pueden considerar tres dimensiones
de la función social de la educación:
1) Dimensión sociológica
2) Dimensión político-pedagógica
3) Dimensión económica
1) Dimensión sociológica
En primer lugar está la perspectiva positivista
acerca de la educación: los conceptos
de socialización y educación coinciden. Se
hace referencia a una socialización metódica
de carácter formal e institucionalizado,
cuyo fi n último es adaptar al individuo a una
sociedad dada. Durkheim6, al conceptuar
educación, hace hincapié en esta función
social de la educación. Es la generación
adulta la que tiene dicha responsabilidad,
puesto que de esa forma se reproduce un orden
social y moral establecido. En ese proceso
se refuerza la homogeneidad social, y
se mantiene en desarrollo la heterogeneidad
social. Es una acción sistemática que se da
en toda sociedad y que presenta “un doble
aspecto: éste es, a la vez, uno y múltiple”.
Por otra parte está el punto de vista funcionalista
acerca de la socialización, que no se
contrapone con el anterior, pero sí es más
complejo. La socialización es una de las
dos funciones básicas de la “clase escolar”.
(La otra función es la selección). Esta función
supone, según Parsons, que el niño logre
internalizar «lealtades y capacidades»7.
La “clase escolar” es un agente socializador
a través del cual «las personalidades
individuales son entrenadas para adecuarse
motivacional y técnicamente al desempeño
de los roles adultos»8. La educación tiene
como fi n mantener la integración social, el
equilibrio social y el control social. Socialización
y selección van de la mano, puesto
que conjugan lo cognitivo y lo moral en
tanto dos aspectos necesariamente presentes
en toda sociedad.
El pensamiento crítico, a diferencia de los
dos anteriores, focaliza en una sociedad
donde la impronta es la desigualdad social.
Existe un enmascaramiento de relaciones de
dominación que, según Bourdieu y Passeron9,
puede ser considerada objetivamente
una violencia simbólica. Los dominados no
ven como tal la relación de fuerza que impera
en la acción pedagógica, sino como simple
transmisión cultural objetiva y neutra.
Pero la doble arbitrariedad cultural está presente:
primero en su carácter material (económico)
y luego en su carácter simbólico
(cultural). El sistema educativo tiene como
fi n último reproducir las desigualdades sociales
(que, en primer lugar, son de índole
económica). Por detrás de este proceso de
corte simbólico está presente un fundamento
etnocentrista de las clases dominantes y
un marcado narcisismo cultural que genera
que la clase dominante “crea y presente” su
cultura como la única “verdadera” y válida.
2) Dimensión político-pedagógica
Básicamente, esta dimensión hace referencia
a la relación que existe entre la educación
y su naturaleza pedagógica, y la política. Perera
y Contera10 plantean esta relación desde la
perspectiva de Saviani, Freire, Vasconi y Snyder.
En este trabajo se considera que tal análisis
es sumamente ajustado a los intereses de este
tema. Por este motivo se analiza el aporte de
Saviani y de Freire en tanto sustantivos para la
dimensión considerada.
Dermeval Saviani11 explicita la relación
educación-política con una fi nalidad: la construcción
de una nueva relación hegemónica,
en la cual la clase dominada socialmente logre
constituirse como una nueva fuerza social. A
partir de esta proposición básica toma como actor
social fundamental al docente, ya que este
tiene una herramienta fundamental: el saber. Él
6 E. Durkheim (1990).
7 T. Parsons (s/f).
8 Ídem.
9 P. Bourdieu; J.C. Passeron (1972).
10 H. Perera; C. Contera (1990).
11 D. Saviani (1984).
Función social de la educación
92 / QUEHACER EDUCATIVO / Abril 2008 FORMACIÓN DOCENTE
establece, en este sentido, que la práctica pedagógica
y la práctica política tienen la misma
naturaleza, pero son distintas y están íntimamente
relacionadas. El eje estructurador de ambas,
en vez de ser el de dominar, tendría que ser
el de convencer. Si no se logra transitar hacia
este nuevo enfoque se puede desembocar en un
“politicismo pedagógico” o en un “pedagogismo
político”. Desde esta perspectiva desarrolla
la relación “interna” y “externa” que existe
entre política y educación. La relación “interna”
tiene que ver con el hecho de que toda
práctica educativa tiene un aspecto político y
toda práctica política tiene un aspecto educativo
intrínseco. Ambos aspectos se conjugan,
con el fi n de romper con el antagonismo social
existente entre dos grupos sociales, donde uno
es el grupo dominante y otro, el grupo dominado.
La relación “externa” está vinculada a
las posibilidades de desarrollo en las prácticas
que se brindan lo político y lo educativo entre
sí. Es que tanto la práctica política como
la pedagógica tienen carácter histórico y confi
guran, en defi nitiva, una misma práctica: la
práctica social. Tal práctica de alguna manera
va gestando poco a poco la función política de
la educación: «(...) la función de socialización
del conocimiento. Es pues, realizándose en la
especifi cidad que le es propia que la educación
cumple su función política»12.
Paulo Freire reconoce que, en sus obras
iniciales, la referencia al carácter político de
la educación no aparece tratada: «(...) en mi
primer libro La educación como práctica de
la libertad, no hay un solo párrafo donde yo
me refi era a la politización de la educación. Ni
una sola vez siquiera»13. Él explica esta ausencia
analítica por su falta de defi nición políticoideológica
y su no clarifi cación de su opción
política. Sin embargo, posteriormente afi rma
que la educación es política. Esta afi rmación
está estrechamente vinculada a su práctica concreta.
En este sentido se puede hacer referencia
a que la relación educador-educando está cargada
de politicidad. Esto supone un educador
que convence al educando y no impone. En
este proceso, el educador asume una práctica
que está plena de riesgos, puesto que supone
el desafío de convencer al educando -respetándolo-
de la verdad que él asume primariamente
como verdad. Esta práctica puede suponer
manipulación o espontaneísmo. En fi n, él está
haciendo referencia a una “radicalidad o sustantividad
democrática”. Su propuesta hace referencia
al carácter directivo de la educación en
su naturaleza. Esto posibilita el desarrollo de la
capacidad crítica y autonomía de pensamiento.
Es fundamental, para entender su pensamiento,
que Freire vincula la educación con la praxis
educativa. Tal praxis conduce a una educación
revolucionaria que vincula educación con la
lucha y organización de la clase oprimida.14
3) Dimensión económica
La educación en su función social siempre
estuvo vinculada de hecho al plano económico.
No obstante, fue desde la fi nalización de
la Segunda Guerra Mundial cuando los científi
cos sociales (sociólogos y economistas)
centraron su interés en estudiar los sistemas
educativos como ejes estructuradores de las
sociedades avanzadas y el desarrollo económico.
Esto coincidió con un período de expansión
educativa y económica sin precedentes, según
Bonal15. La relación educación-sociedad capitalista
meritocrática se transformó en central.
En la década del cincuenta, la educación pasó
a ser un área prioritaria de intervención estatal.
La educación se comenzó a vislumbrar como
centro de inversión estatal dentro del marco de
la política de igualdad de oportunidades. Surge
y se instala un funcionalismo tecno-económico
o también llamado “teoría del capital
humano”. Las formulaciones de esta teoría
están sintetizadas formalmente por Schultz16
y Becker17. La educación es un capital como
el capital físico y, por lo tanto, si se invierte
en ella se puede obtener rentabilidad. Esto se
aplica tanto a nivel individual como nacional.
En este artículo interesan especialmente las
consecuencias a nivel nacional, puesto que
esta teoría permanece hasta la actualidad con
vigencia absoluta y, desde su “apoyo incondicional”
desde los organismos internacionales,
12 Ídem.
13 P Freire; F. Betto (1988).
14 P. Freire (1985).
15 X. Bonal (1998).
16 T. W. Schultz (1970).
17 G. S. Becker (1983). Función social de la educación
Abril 2008 / QUEHACER EDUCATIVO / 93
FORMACIÓN DOCENTE
como “salida” hacia el crecimiento económico
nacional. Una teoría que, tal como muy certeramente
analiza Bonal18, dirigió su infl uencia
desde lo macro hacia lo micro y continúa instalada
en el imaginario social, modifi cando las
pautas de la demanda social de la educación:
«El impulso de los organismos internacionales
(como el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional o la OCDE) a la promoción de
la teoría, tanto por medio de la fi nanciación de
investigaciones como a través de su difusión
por medio de publicaciones y conferencias internacionales,
desempeñó un papel ideológico
importante que repercutió sobre los comportamientos
individuales».
Las tres dimensiones planteadas, a su vez
tienen una íntima relación con el desarrollo
histórico de la educación formal contextualizada,
sus instituciones educativas, y la génesis y
el desarrollo de la profesionalidad docente. Específi
camente, en cuanto a la profesión docente
cabe señalar que toda profesión, de acuerdo
a Ortega19, se articula en torno a un complejo
entramado de imágenes, juicios y recompensas
sociales e individuales que se van “elaborando”
paulatinamente dentro de un contexto particular.
Dicho contexto podría recortarse exclusivamente
al ámbito de la institución educativa.
Eso sería un grave error. La profesionalidad
docente se construye y re-construye dinámicamente
desde y en lo multidimensional de cada
realidad social a considerar. Por lo tanto, en
este artículo solamente se presentaron analíticamente
conceptos teóricos que cabría indagar
cómo se han ido confi gurando históricamente
y de forma entrelazada con cada una de las dimensiones
señaladas.
Referencias bibliográfi cas
BECKER, Gary Stanley (1983): El capital humano: un análisis teórico y empírico referido fundamentalmente a la educación. Madrid: Alianza Editorial.
BERGER, Peter L. y LUCKMANN, Thomas (1972): La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu Editores, S.A.
BONAL, Xavier (1998): Sociología de la Educación. Una aproximación crítica a las corrientes contemporáneas. Barcelona: Ed. Paidós.
BOURDIEU, Pierre; PASSERON, Jean-Claude (1972): La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Barcelona: Ed. Laia.
CARR, Wilfred; KEMMIS, Stephen (1988): Teoría crítica de la enseñanza. Barcelona: Ed. Martínez Roca.
DEWEY, John (1971): Democracia y educación. Buenos Aires: Ed. Losada.
DURKHEIM, Emilio (1990): Educación y Sociología. Barcelona: Ed. Península.
FREIRE, Paulo (1985): La dimensión política de la educación. Quito: CEDECO.
FREIRE, Paulo; BETTO, Frei (1988): Esa escuela llamada vida. Buenos Aires: Ed. Legasa.
ORTEGA GUTIÉRREZ, Félix (1990): “La indefi nición de la profesión docente” en Cuadernos de Pedagogía Nº 186 (Noviembre), pp. 67-70. Barcelona:
Fontalba.
PARSONS, Talcott (s/f): “La clase escolar como un sistema social: algunas de sus funciones en la sociedad norteamericana”. Ficha 66. Montevideo: Fundación
de Cultura Universitaria.
PERERA, Héctor; CONTERA, Cristina (1990): “Refl exiones de la educación como hecho político” en Revista Resumen Pedagógico (2) (Febrero), pp. 3-10.
Montevideo: Prima Ltda.
QUINTANA CABANAS, José María (1980): Sociología de la Educación. Barcelona: Ed. Hispano Europea.
SAVIANI, Dermeval (1984): Escola e democracia. Sao Paulo: Editora Autores Asociados / Cortez.
SCHULTZ, Theodore W. (1970): “Inversión en capital humano” en M. Blaug (comp.): Economics of Education. Londres: Penguin.
18 X. Bonal (1998).
19 F. Ortega Gutiérrez (1990).